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Miles de millones de euros irán a la basura en la propaganda que utilizan donde las fotos de los candidatos esbozan una sonrisa de simpatía que desborda lo cotidiano. Con cierta amabilidad se acercan a saludar a los ciudadanos, mientras, los jubilados se los miran como si fuesen seres de otro planeta e incrédulos confían que cuando llegue el día de echar la papeleta en la urna y elegir al que será alcalde de la ciudad o presidente del gobierno llegado el caso, no la caguen para que la pensión que reciben mensualmente no empeore y puedan llegar a final de mes con sus 500 euros.
Este es el momento de los políticos clásicos que a pie de calle no pueden frenar su impulso más salvaje de hacer centenares de promesas, muchas de ellas sin sentido ni razón, las otras, sin ningún tipo de novedad, son las mismas que hicieron hace ya veinte años y que continuarán haciendo veinte años más si continuan en el poder. La frase todo ha de cambiar para que nadie cambie, tiene mayor sentido en esta campaña, el jubilado continuará cobrando sus 500 euros y el político, lo que le de la gana que para eso es quien manda, en último extremo podrá cobrar 8.000 euros netos para "poder tirar". Es lo que tienen estos políticos clásicos, que de tanto prometer que subirán las pensiones y el salario mínimo interprofesional (590 €), al final la única cosa que hacen cuando son elegidos es subirse su sueldo que lo tienen muy bajo y no llegan a final de mes.
Mala testa
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