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CRÓNICAS MATARONINAS
Se acercan las elecciones municipales, los partidos de corte clásico sacan a relucir su mejor maquinaria electoral, sus mejores elementos, bellos y hermosos, empiezan a rondar y a dejarse ver por la ciudad, van dispuestos a convencer aquellos ciudadanos que les votan normalmente pero que no les son fieles y su papeleta se podría desviar hacia los adversarios u otros. Adoptan un semblante receptivo, como aquel que pretende escuchar a todos aquellos que les quieran decir alguna cosa, transmitir alguna sugerencia, incluso consienten que les hablen de los errores en la gestión, los fallos de las pequeñas obras, esas críticas suaves, moderadas y que en el fondo les pueden ayudar a mejorar la ciudad.
La propaganda electoral suele ser pomposa, grandes carteles enganchados en las farolas, en los árboles anunciando que mi partido es el mejor; las viviendas son bombardeadas incesantemente, se inunda las calles de papeles que vuelan al paso de los coches que van a toda velocidad por las rondas, claro que algún político ha encontrado la solución a la velocidad, ha dispuesto que se claven en el suelo unas bandas de caucho donde los automóviles tienen que frenar, las hay más o menos suaves, yo prefiero las que son más suaves para que las personas mayores no se resientan tanto del golpe de rebote que reciben.
Volviendo de nuevo a nuestros políticos, en estos días los podremos ver con la sonrisa permanente por las calles y rincones de nuestra ciudad, incluso se recorrerán aquellos que nunca han sabido de su existencia. La verdad es que los ciudadanos de a pie están cansados de esa clase de políticos y de sus promesas ya que saben de antemano que sus programas electorales están llenos de fantasía y ciencia-ficción que nunca cumplirán. ¡Cumplir con el programa! parece cosa de risas, en este caso todos los políticos tienen experiencia acumulada en las diferentes administraciones ya que estos partidos clásicos han gobernado en la municipal, autónoma o central, seguramente, todos ellos encontrarán la perfecta excusa para decir que algunas cosas son difíciles de cumplir.
Al final, después de tanto derroche de papel, plástico y demás elementos de propaganda electoral que alguien no reciclará, de derroche de dinero para su campaña que piden a los bancos con devolución a muy bajo interés, confiarán en que el ciudadano les vote por un cambio en la gestión municipal, por una nueva ciudad moderna y habitable, por mantener bien limpias nuestras calles y plazas, por evitar el cambio climático, por conseguir lo imposible si es necesario (como ejemplo; podrían aplanar las pendientes de nuestra ciudad) para continuar durante cuatro años más haciendo lo mismo de siempre: lo que a ellos les da la real gana, por el bien general de los ciudadanos, faltaría más.
Mala Testa.
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