Dos micos i un Ajuntament

LOS OCHO RIESGOS QUE DEBE SORTEAR UN ATRIBULADO CIUDADANO PREOCUPADO POR LA SALUD PÚBLICA Y LA TELEFONÍA MOVIL



¿Le han propuesto en su comunidad de vecinos instalar una antena de telefonía móvil en el tejado?



Foto: www.totmataro.cat Vista instalación ilegal en Cirera

Lo más probable es que a nadie interese en el edificio: „obras, la puerta abierta, el suelo manchado, ¿y de qué nos vale?“ La cosa cambia cuando ofrece una cantidad de dinero que dicha en global parece sustanciosa ( de 5000.- € a unos 9.000.-€ ) pero repartida entre los vecinos tampoco es tanto: reducción de poco más de 40.- €. en el pago de comunidad mensualmente y que encima se debe declarar a hacienda. „¡Ah! ¡Eso es otra cosa!“.

Se reúnen los vecinos – algunas veces -, se discute, algún enteradillo dice que „eso puede ser perjudicial para la salud...¿qué garantías da de que sea inocuo?“ y los señores del traje le contestan que lleva muchos años utilizándose móviles en países nórdicos y nadie ha demostrado que sea perjudicial. „¿Y...? Yo sólo quiero que se me demuestre que no lo es“.

Se decide buscar información, sobre todo porque uno de los vecinos, un muchacho de apenas 30 años, es portador de un marcapasos. Y ahí acaba la reunión, con la discusión mercantil de los vecinos de ver cómo se puede subir la puja. Aquí es donde llega el Primer riesgo: el del atropello vecinal.

Un buen día, sin mediar ninguna reunión, el buen ciudadano que ha utilizado una buena porción de su tiempo en buscar información acerca de las incertidumbres que existen sobre la exposición continua a ondas electromagnéticas, se la ha fotocopiado a todos los vecinos, y está feliz de la vida esperando poder contarlo y discutirlo según lo acordado, descubre un montón de sacos en el portal y el ascensor permanentemente ocupado por obreros. „¿Qué hacen?“ „Instalamos una antena de esas de los móviles“. „Ah....“ El presidente de la comunidad te dice que bueno, como había mayoría de votantes a favor... (vamos, que sin consultar mayorías necesarias se subió la oferta ya se firmó el contrato). Te opones, dices que denuncias y uno se queda alucinado de la vehemencia con que los responsables de la comunidad defienden la instalación, no sólo el presidente sino sobre todo el admistrador (¿Tanto interés por 40.- €...?) Además, cuando uno se molesta en consultar la ley de Propiedad Horizontal ¡se requiere unanimidad! Y... ¿cuándo se ha aprobado y firmado el acta de acuerdo?. Mientras tanto las obras comienzan y siguen.

Desesperado y confiando en la lentitud administrativa llama al negociado de licencias urbanísticas del ayuntamiento y....¡oh, milagro! No tiene permiso de obra. La instalación consiste en colocar una estructura de más de dos mil kilogramos de peso y , puesto que la mayoría de los edificios de calidad medianilla tienen una cubierta con capacidad para aguantar una nevada y poco más, „la paralizarán“. Pues no, la obra sigue. Y no sólo siguen los obreros, sino que además el propio ayuntamiento concede el permiso para cortar la calle y que se situe en ella una grúa de grandes dimensiones para que suba el mastodonte. Aquí es donde reside el Segundo riesgo: el de atropello municipal (menos mal que el de la grúa parece tener buena puntería).

Mientras tanto: pues rezando, y poniendo la música bajita, no sea que se descascarille el techo (al vecino situado justo debajo ya le llueve en el salón... ): es el Tercer riesgo, el de muerte por aplastamiento.

Por si acaso uno llama al ayuntamiento y consulta con el arquitecto: „¡Oiga!, se está realizando una obra en mi edificio en condiciónes muy irregulares ¡y sin licencia!“ Contestación: „Ya... pero se la darán“. Aquí es donde hace aparición el Cuarto riesgo: el de que se le ponga a uno la cara de bobo.

Pues resulta que el ayuntamiento es el encargado de revisar las obras para garantizar que se hagan con suficientes garantías de seguridad y de respeto de los derechos de los ciudadanos... y este señor sin saber de qué obra le hablo ya sabe cuál será la decisión. O sea, que al final no sé si la licencia se la darán para cubrir un trámite o porque simplemente les cayó bien el que la presentó o porque la han revisado realmente... „Yo creí que estas cosas funcionaban de otro modo“.

Continúan los papeleos: la queja formal al presidente, la queja al ayuntamiento, la formalización de un proceso judicial ... Estamos en la situación del Quinto riesgo: el de agotamiento intelectual.

Porque ¡mira que es difícil esto de la expresión formal para los ciudadanos de a pie!.

Y mientras se resuelven las cosas y se tiene tiempo a pensar todo lo leído nos sobreviene en el Sexto riesgo: el de mareo por incertidumbre:

Resulta que enfrente está el colegio de los niños... existen dudas de sí la exposición continua a ondas electromagnéticas puede ocasionar problemas de crecimiento y aprendizaje...¡Pero si yo los llevo al colegio precisamente para que aprendan!¿Y lo del cáncer? Total, con mi edad, y teniendo en cuenta la evolución lenta de estas enfermedades, cuando lo tenga ya me importará poco. ¿Pero y mis niños?.

Pues estarán en la flor de la vida y encima no tienen criterio ni posibilidad de protestar.¿Y el vecino del marcapasos? A nadie se le ocurre sugerir a la empresa que el repetidor se apague mientras al hombre se le ocurre descansar tras el trabajo, como todos los mortales. En lugar de descansar, se pega a sus pastillas por si acaso... y dormir casi se convierte en pesadillas. ¡Pero como le han sugerido que si se quitaba la antena se le podría poner enfrente que es peor!A la vecina del octavo, que ha decidido mudarse porque considera que sus niños no deberían vivir ahí, nadie le quiere comprar el piso.

Tienen miedo. ¡Con lo que le costó ahorrar el dinero para comprarlo...!¿Y el centro de salud, que está en la calle de al lado? Ningún problema, si los aparatos de diagnóstico funcionan algo raro... ¡qué se iba a esperar de la Seguridad Social!Todavía faltaría que encima nos cayera algún avión por interferencia con sus aparatos. Aunque seguro que eso no pasa, que ya se preocupan bien las compañías de navegación aérea de avisar que se tengan bien alejados los aparatitos...¿Y...? (¡qué mareo!).

Cuando el ciudadano se entera de que los efectos sobre la salud están investigándose, entonces tiene riesgo de padecer de esquizofrenia (séptimo) porque realmente uno ya no sabe si es un hombre y un ratón.

Y el último problema del pobre ciudadano, ya agotado y frustrado y sin más ánimo de lucha es el Octavo riesgo: el de quedar aislado, por incomprensión.

Todavía recuerdo la columna aparecida en el País donde Juan José Millás proponía cambiar el cigarrillo por el teléfono móvil. Casi que sugeriría a los amigos fumadores que cambiaran mejor el tabaco por una antena de repetición, que tiene todavía más riesgos y es más entretenida.

Ana Isabel Rigueira

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